Fotografía

Una mirada forjada entre haluros de plata y píxeles

Mi idilio con la fotografía comenzó en 1992, en una época en la que la magia se revelaba lentamente en el cuarto oscuro, entre el aroma de los químicos y la expectación de ver una imagen nacer sobre el papel. Aquellos inicios en la fotografía analógica no fueron solo una escuela técnica, sino una filosofía que marcó mi manera de observar el mundo.

Con el tiempo, la revolución digital transformó las herramientas, pero la esencia de capturar instantes y contar historias permaneció intacta. Hoy, esa «fotografía digital» es, sencillamente, fotografía; una disciplina en la que tengo el bagaje de dos mundos, una experiencia que me ha permitido construir una visión más rica y completa.

Mis primeros pasos me llevaron de forma natural hacia el fotoperiodismo y la fotografía documental. Encontré una profunda satisfacción en ser testigo y narrador de la realidad, ya fuera cubriendo la actualidad social, vibrando con la intensidad del deporte o documentando la esfera institucional. Cada encargo era una oportunidad para afinar la mirada y aprender a anticipar el momento decisivo.

Esta pasión por el relato visual se extiende a una de mis disciplinas más queridas: la fotografía de calle o street photography. Para mí, no es más que otra vertiente de la fotografía documental, un lienzo urbano donde las historias cotidianas se despliegan ante quien sabe observar. Es un ejercicio constante de paciencia, intuición y conexión con el pulso de la vida.

A lo largo de estas décadas, he tenido el privilegio de ver cómo mi trabajo tomaba forma en proyectos expositivos que me han permitido explorar lenguajes más personales. Entre ellos, «PAUSA II» ocupa un lugar especial, representando una etapa significativa en mi búsqueda artística. Este camino también ha sido reconocido con algunos premios y la oportunidad de compartir espacio con otros colegas en diversas exposiciones colectivas.

Ver mis imágenes publicadas en medios tanto nacionales como internacionales ha sido y sigue siendo una enorme satisfacción, un testimonio del alcance que puede tener una buena historia bien contada a través de una fotografía. Desde 1992 hasta hoy, cada día es una nueva oportunidad para seguir aprendiendo, experimentando y, sobre todo, disfrutando de esta maravillosa profesión que es contar el mundo a través de mi cámara.



La diferencia está en el aire

Nunca olvidaré aquel vuelo. Madrugamos, el cielo estaba limpio y la avioneta ultraligera nos esperaba como si también ella supiera que íbamos a registrar algo único. Subí con la cámara colgada al cuello, un cosquilleo en el estómago y la certeza de que algo especial iba a pasar.

Escaparates, sombras y postales

Las calles de Barcelona ofrecen, a cada paso, una pequeña función sin guión. Las fachadas de tiendas de lujo, como Max Mara o Loewe, se convierten en escenarios de un teatro urbano donde los protagonistas no son los maniquíes tras el cristal, sino los transeúntes que pasan, se detienen, se cruzan o se pierden entre las sombras que filtra la arboleda del Eixample.

La isla que Spielberg reinventó

Eduardo Nave vuelve a la isla de «Tiburón» 50 años después. En su exposición «Amity», lo real y lo imaginado se funden en un viaje fotográfico por la memoria del cine. Hasta el 30 de julio en la Wonder Photo Shop de Barcelona.

Cuando la ciudad aún bosteza – Primeras luces en Paseo de Gracia

Barcelona, a primera hora, camina en voz baja. Una mujer cruza en bicicleta junto a una valla de construcción, otro joven se desliza en monopatín, ajeno al semáforo en rojo, mientras una pareja camina bajo el frescor de un árbol