Etiqueta: fotografía

  • Carlos de Roa. El trabajo como respuesta

    Carlos de Roa. El trabajo como respuesta

    Carlos habla de su deporte como si fuera un oficio. Dice trabajo cuando otros dicen pasión o sueño. Y en esa palabra cabe todo: los entrenamientos que nadie ve, los días que no salen, la constancia que no da titulares.

    Es nazareno, joven, y lleva tiempo construyendo algo dentro del fútbol con la misma lógica de quien sabe que los resultados llegan después del esfuerzo, no antes. No hay atajos en esa ecuación.

    Lo que me interesaba retratar no era al deportista en acción, sino al chico que hay detrás. La sesión fue en el Ayuntamiento, en ese sofá blanco que conoce bien quien pasa por allí. Luz natural, ambiente controlado, poco artificio. Carlos se sentó y la cámara encontró lo que buscaba: alguien que tiene claro quién es.

    En estas fotos hay algo que no se puede fabricar. Una presencia que viene de haber trabajado de verdad, de tener el apoyo de sus padres cuando más hace falta, y de una pareja que está ahí. Eso también se nota. Siempre se nota.

    Carlos de Roa, futbolista. Dos Hermanas, abril 2026. © Raúl Díaz

    https://www.instagram.com/p/DW31MHzjf24/
  • Azul, dorado y rojo: Lunes Santo con la Presentación al Pueblo

    Azul, dorado y rojo: Lunes Santo con la Presentación al Pueblo

    Hay hermandades que salen al centro de la ciudad y hay hermandades que salen al barrio. La de la Santa Cruz tiene esa segunda naturaleza: lleva décadas arrancando desde la Capilla de la Santa Cruz con la misma firmeza de quien no necesita demostrar nada. Este año, Lunes Santo, XL Aniversario Fundacional, y la calle respondió.

    El paso de Cristo llegó como siempre en el azul y el dorado que lo definen. El azul del hábito —túnica blanca, capa azul, cíngulo trenzado— multiplicado por seiscientos nazarenos. El dorado del paso, quieto bajo la luz de la tarde. Es una combinación que funciona porque no busca sorprender, sino sostener. Y sostiene.

    Lo que sí sorprendió fue el paso de palio. La decoración floral en rojo —un rojo limpio, decidido— cambió la temperatura del conjunto. No desentona: contrasta. Y ese contraste es exactamente lo que le faltaba para que el paso dejara de ser bonito y pasara a ser llamativo. Una decisión acertada, de esas que se notan sin necesidad de explicación.

    Llevo años viendo salir a esta hermandad. Hay algo en las hermandades de barrio que las de recorrido largo no tienen: la escala humana. La gente que conoces en la acera, el paso que pasa cerca, el sonido que llega antes de que puedas verlo. La Banda de CCyTT Presentación al Pueblo en el misterio, Las Cigarreras en el palio. Cuarenta años de una hermandad que sigue sin necesitar más que su propio barrio para tener sentido.

  • Domingo de Ramos: el patrón, las potencias y tres generaciones

    Domingo de Ramos: el patrón, las potencias y tres generaciones

    El Domingo de Ramos tiene su propio patrón para mí desde hace años. Salida del Cautivo —que es suelo ir cuando empieza la Semana Santa en Dos Hermanas— y una calle del centro con la Borriquita. Es el mismo esquema de siempre y funciona porque funciona, no porque no sepa hacer otra cosa.

    Este año el Cautivo llegó con una novedad visual importante: la túnica nueva de damasco italiano, blanca rota con motivos bizantinos, fabricada en el taller de Lorena Reyes. La diferencia desde el primer metro de carrera oficial era evidente. Hay estrenos que cambian el gesto de un paso. Este era uno de ellos.

    El Cristo rozó levemente sus potencias contra el dintel. Nada dramático, nada que no se haya visto, pero sí lo suficiente para que hubiera que detenerlo, retirar las potencias y reponerlas más adelante. Esa imagen del Cristo sin potencias durante un tramo, en medio de la salida, me dió una extraña imagen.

    El Domingo de Ramos tiene eso: que te da el protocolo y la sorpresa en el mismo tramo.


    Con la Borriquita me quedé en una calle del centro. La luz de tarde del Domingo de Ramos en Dos Hermanas tiene una temperatura particular —casi de final de verano europeo, no de primavera andaluza— y la cofradía blanca la aprovecha bien. 

  • Humildad y Pilar vuelve a latir en Montequinto: devoción, detalles y un Sábado de Pasión para recordar

    Humildad y Pilar vuelve a latir en Montequinto: devoción, detalles y un Sábado de Pasión para recordar

    Las calles del barrio nazareno de Montequinto volvieron a detenerse el Sábado de Pasión para recibir a su hermandad. La Hermandad de Humildad y Pilar protagonizó una salida cargada de emoción contenida, de esas que se ven en los gestos más pequeños antes de que los pasos tomen la calle.

    Antes del momento, los costaleros se preparaban en silencio. El ajuste del traje, los últimos estiramientos, la concentración de quien sabe lo que viene. Instantes previos que como fotógrafo me gusta captar y que forman parte de la historia real de cada salida procesional, la que no siempre llega a las fotografías oficiales.

    En la calle, el ambiente era el de los grandes días. Vecinas y vecinos de Montequinto arroparon a sus titulares en un sábado que marca el umbral de la Semana Santa 2026. Entre el público, una imagen que resume todo: Paco el capataz junto a sus nietos, la tradición que se transmite sin necesidad de palabras.

    Y mientras la gente esperaba, los nazarenos tomaban posición formando esas figuras en movimiento lento e hipnótico que son seña de identidad de las procesiones. Una geometría humana que emociona incluso a quienes la llevan vista toda la vida.

    La Hermandad de Humildad y Pilar cumplió una vez más con Montequinto y con Dos Hermanas. Fe, devoción y tradición que se sienten —y que este año, una vez más, tuvieron un escenario ideal para mi fotografía.

  • La sombra también pasea conmigo

    La sombra también pasea conmigo

    Me gusta pasear y, sobre todo, me gusta hacerlo sin prisa. Salir a caminar por mi ciudad es una forma de estar, de volver a mirar lo que siempre ha estado ahí. A veces el paseo me lleva lejos; otras, apenas a la vuelta de la esquina. Da igual. Lo importante ocurre cuando bajo el ritmo y dejo que la mirada se adelante a los pasos. En este caso fue un muro. Un muro blanco, sencillo, casi invisible para quien pasa deprisa. Pero la luz decidió jugar y las sombras dibujaron otra cosa: un árbol que no estaba, una arquitectura efímera hecha de ramas proyectadas, de tiempo detenido. Me quedé ahí un rato, corroborando que lo cotidiano también se transforma si lo miras despacio. El paseo, más allá de lo saludable, es una excusa para redescubrir estos pequeños acuerdos entre la luz y las superficies, entre el cielo cambiante y las texturas más humildes. Fotografiarlo no es coleccionar imágenes, es confirmar que sigo presente, atento, dispuesto a dejarme sorprender por lo simple.

  • Redescubriendo Huelva: El Ritmo Humano y Urbano a Través de mi Objetivo

    Redescubriendo Huelva: El Ritmo Humano y Urbano a Través de mi Objetivo

    Siempre he creído que la fotografía callejera es mucho más que un simple clic. Para mí, no se trata solo de capturar una escena, sino de sentir y transmitir el pulso de la ciudad. Y en este reciente paseo por Huelva, utilizando el móvil para estar más cerca de la gente, he conseguido exactamente eso.

    Para un fotógrafo con más de treinta años de experiencia recorriendo calles, sus gentes y sus cosas, el simple acto de pasear se transforma en una misión de observación constante. Mi cámara no es un obstáculo, sino el puente que facilita la interacción, ese trato cercano y humano que tanto valoro y que busco en cada persona.

    La Sinergia de la Calle: Skaters, Comerciantes y el Latir de Huelva

    Lo que realmente humaniza esta sesión es la maravillosa mezcla de gente que le da vida a la capital onubense. Es un privilegio cuando logras capturar esa desinhibición vital de la juventud, que se mueve libre, en contraste con la calma y el agradecimiento sincero de los mayores.


    • El Espíritu Skater: Quiero agradecer especialmente la colaboración de los chicos y chicas de Homie Shop, y en especial a Pablo, Jesús y Evelyn de La Grosera. Gracias a ellos, la sesión se impregna de una energía brutal. Ellos representan la vitalidad y el movimiento urbano, normalizando la presencia de un «intruso con cámara» y prestando ese gesto de autenticidad que enriquece cada toma. Mi experiencia como fotógrafo me permite estar allí, sin interferir, solo documentando.

    Arquitectura y Luz: El Gran Atractivo

    Más allá de las personas, la arquitectura de Huelva, sus luces y sombras, y su ritmo son el mayor de mis atractivos. La luz del atardecer, rebotando en los edificios de tonos terracota y reflejándose en las calles, proporciona el escenario perfecto para que, como fotógrafo, pueda ponerme a jugar con la composición y el momento.


    Esta colección de imágenes no es solo una prueba de mi material, sino una declaración de amor a la fotografía callejera y a la ciudad que le sirve de lienzo. Es un trabajo que corrobora la importancia de seguir activo, con la cámara en mano (o el móvil, en este caso), buscando el próximo encuentro, la próxima luz y la próxima historia en la calle.



  • Helen Levitt: la coreógrafa del instante callejero

    Helen Levitt: la coreógrafa del instante callejero

    Una fotógrafa que escuchaba con los ojos: así retrató el alma invisible de Nueva York

    En las aceras del Harlem de los años 40, mientras el mundo miraba hacia las grandes guerras o los grandes nombres del arte, Helen Levitt se dedicaba a mirar hacia abajo, hacia lo cotidiano. Nacida en Brooklyn en 1913, dejó el instituto a los 18 años y compró una Leica de segunda mano. Comenzó trabajando en un estudio del Bronx, pero su verdadera vocación estaba en la calle, donde la vida no posaba, pero danzaba.

    Levitt no era una cazadora de momentos, sino una cómplice de lo fugaz. No posaban para ella. Su cámara era invisible, como si formara parte del mismo aire. De ahí que sus fotografías no tengan artificio, pero sí una belleza inquieta. Son imágenes que laten. Un niño con capa, una niña bailando en la acera, una sombra que cae sobre un rostro: en lo mínimo, lo universal. En lo accidental, lo eterno.

    Influenciada por Walker Evans —con quien estudió en 1938 y mantuvo una amistad duradera—, y por Henri Cartier-Bresson, desarrolló una mirada propia, delicada y ética. También conoció al cineasta Luis Buñuel, quien le abrió las puertas al lenguaje documental. En 1943, el MoMA le dedicó una exposición individual, algo inusual para una mujer y más aún para una fotógrafa callejera. Más adelante, codirigió The Quiet One (1948), una película que fue nominada al Oscar, y desde 1959 comenzó a experimentar con el color sin perder nunca el lirismo de sus primeros trabajos.

    Durante décadas, Levitt se mantuvo al margen del ruido artístico. No buscó protagonismo ni explicó su obra. Quizá por eso su legado crece con el tiempo: porque no responde a modas ni a discursos, sino a algo más hondo y más esquivo. Ella no fotografiaba la ciudad, sino su respiración. Esa respiración suya, a veces juguetona, a veces triste, pero siempre humana.

    Murió en Nueva York en 2009, la misma ciudad que fue su escenario vital. Hoy, en plena era de la imagen instantánea y el exhibicionismo digital, las fotos de Helen Levitt nos devuelven al misterio de mirar sin intervenir. Nos recuerdan que la calle es un escenario donde la vida —si uno sabe mirar— se representa a cada segundo. Y que basta una buena fotografía para detener el tiempo, aunque sea por un instante.


  • La luz detenida de Cerdeña

    La luz detenida de Cerdeña

    Sergio Castañeira inaugura una nueva etapa de la beca Alberto Galán con un fotocuaderno que explora el paisaje como memoria viva.

    Hay fotografías que no solo se miran: se habitan. “Sardegna”, el proyecto de Sergio Castañeira, es una de esas obras que invitan a entrar con los pies descalzos, sin prisas, como quien cruza el umbral de un verano antiguo. Tomadas en 2012, pero ocultas hasta ahora, estas imágenes componen un diario íntimo y a la vez una geografía emocional. No retratan tanto Cerdeña como la sensación de haber estado allí.

    La serie, elegida entre 70 propuestas para convertirse en el primer Fotocuaderno de UFCA, marca también un punto de inflexión: la beca Alberto Galán se transforma en una convocatoria abierta que apuesta por la sintonía estética más que por la competición. Se busca una afinidad con la mirada. Y Castañeira, con su manera de narrar desde lo sensorial, encajó como si siempre hubiese estado previsto.

    En “Sardegna” no hay postales. Hay cuerpos al sol, rincones dormidos, la cadencia del calor sobre la piel. Castañeira compone con la luz, pero también con la ausencia de certezas. Sus fotografías se mantienen en un umbral ambiguo entre lo que fue y lo que se recuerda, invitando al espectador a completar el relato desde su propia experiencia. Como todo buen diario, no explica: sugiere.

    La edición de este primer Fotocuaderno no solo recupera un trabajo valioso; también inaugura un formato que promete continuidad y coherencia. En octubre de 2026, con la publicación de “Sardegna”, se abrirá una puerta para quienes entienden la fotografía como un acto honesto, pausado, íntimo. Una celebración de lo mínimo. Un eco de Alberto Galán, todavía presente en cada elección.

  • La Coronación de Rafael «Falito» Acosta: La Mirada del Rey

    La Coronación de Rafael «Falito» Acosta: La Mirada del Rey

    Hay miradas que cuentan historias. Relatan noches de sacrificio, el peso de la gloria y el hambre insaciable de un futuro que aún está por escribir. Esa es la mirada que me encontré al otro lado de mi objetivo al retratar a Rafael «Falito» Acosta, el ídolo de Dos Hermanas que ya ha conquistado el respeto de toda Sevilla y apunta, sin complejos, al resto del mundo.

    Más allá de los guantes, los focos del ring y los cinturones que con tanto orgullo luce, en esta sesión quise capturar al hombre detrás del campeón. Y lo encontré. He tenido el placer de fotografiar a un Falito que ha madurado. Su mirada es más profunda, más serena, la de alguien que conoce el sabor del triunfo y la soledad del entrenamiento. Es la mirada de un rey que empieza a ser consciente de su propio legado.

    Pero que nadie se equivoque. Esa madurez no le ha robado ni un ápice de su identidad, de esa chispa y esa fotogenia innata que lo convierten en un imán para la cámara. Durante toda la sesión, su talante fue extraordinario. Detrás del «Rey Gitano», del púgil implacable, hay un joven con un respeto y una humildad que engrandecen aún más su figura.

    Estas fotografías son el testimonio de un momento clave: el de un campeón que asume su corona, pero que mantiene los pies en el suelo y la vista en el horizonte. Ha sido un auténtico placer y un honor poner mi cámara al servicio de su historia.

    El viaje de Falito no ha hecho más que empezar, y esta es la mirada con la que se prepara para conquistar el mundo.

  • La diferencia está en el aire

    La diferencia está en el aire

    Entre el zumbido del dron y el soplo del viento real, hay un abismo: el que separa la vivencia de la mera herramienta.

    Nunca olvidaré aquel vuelo. Madrugamos, el cielo estaba limpio y la avioneta ultraligera nos esperaba como si también ella supiera que íbamos a registrar algo único. Subí con la cámara colgada al cuello, un cosquilleo en el estómago y la certeza de que algo especial iba a pasar. El piloto —sereno, experto— me explicó cómo íbamos a sobrevolar el centro de Dos Hermanas. Desde el aire, todo adquiría otra proporción: la plaza, el edificio del Ayuntamiento, la iglesia con su torre campanario… El mundo cotidiano se transformaba en una maqueta viva bajo mis pies. Y yo allí arriba, temblando un poco por la altura, pero sobre todo por la emoción.

    Recuerdo el instante exacto en que disparé la foto. No fue solo una imagen: fue el resumen de todo lo que aquel vuelo significaba. Desde entonces, esa escena ha acompañado años de trabajo, publicaciones y recuerdos. Es una fotografía que respira, porque detrás de cada píxel hay viento, conversación, decisión, riesgo y un latido.

    Después llegaron los drones. Prácticos, versátiles, aunque más impersonales. Con sus permisos, sus zonas restringidas y su zumbido de insecto metálico. Sí, nos permiten seguir mirando desde arriba, pero ya no se oye el silencio del cielo ni se conversa con nadie para preparar el vuelo. Hay algo más automático, más calculado. Aun así, reconozco su utilidad. Han cambiado la manera de producir, de planificar, de mostrar.

    Y luego está la imagen digital, la de la inteligencia artificial. En este caso, una recreación de la escena original: la misma plaza, los mismos edificios, pero flotando sobre una porción de tierra ficticia con letras gigantes que dicen “Dos Hermanas”. Es una imagen que no existió nunca en el mundo físico, pero que —paradójicamente— sirve para explicar lo real. No hay emoción detrás de su creación, no hubo manos en una cámara ni nervios al despegar. Pero reconozco que puede ser útil: un cartel, una metáfora, una herramienta más.


    Así que sí, hay valor en ambas imágenes. Pero una nació del aire, del pulso, del instante irrepetible que viví yo mismo. La otra, de un algoritmo que no siente. Y aunque ambas se complementan, solo una me conecta con aquel día inolvidable. En tiempos de inteligencia artificial, lo humano sigue siendo el valor diferencial. No se trata de rechazar lo nuevo, sino de recordar que la emoción —esa que nos eriza la piel— sigue siendo insustituible.