Quedaban cuatro fotografías de aquel paseo por Bilbao. De un puente a otro, la ciudad cambiaba tanto que parecía haber pasado de un país a otro. Otra arquitectura, otra luz y, sobre todo, otro ritmo en la calle.
En esta parte del recorrido, la fotografía callejera en Bilbao se llenó de cruces: gente que venía de frente, una bicicleta atravesando el encuadre, el rojo de un autobús y el viento moviendo el pelo. Todo ocurría a la vez. Mi trabajo era encontrar un pequeño orden dentro de ese movimiento.
Después de aquella mañana de fotografía callejera en Bilbao, estas cuatro imágenes completan el paseo. Sin una gran historia detrás. Solo caminar, mirar y dejar que la ciudad cambie la siguiente fotografía.




Si te interesa esta forma de fotografiar, en Universo GR comparto mi experiencia, paseos y propuestas para seguir practicando la mirada.

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