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El cruce de casi todos mis caminos

Mujer cruzando una intersección de Dos Hermanas vista desde una perspectiva elevada.
Mujer cruzando una intersección de Dos Hermanas vista desde una perspectiva elevada.
Dos Hermanas, 15 de octubre de 2026. Un cruce cotidiano convertido en geografía personal.

Para mí, este cruce de Dos Hermanas nunca ha sido solamente una intersección. He pasado por aquí tantas veces que podría reconstruir buena parte de mi vida siguiendo las direcciones que nacen en sus esquinas. Estaba cerca de mi primer trabajo, sigue cerca del actual y queda a pocos minutos de la vivienda de mi familia. Incluso estuve a punto de vivir aquí. Es, de una manera bastante literal, uno de los vértices de mi geografía personal.

La perspectiva elevada cambia el lugar. Desde arriba, las calles se ordenan como un pequeño mapa: las líneas del paso de peatones, las señales, los bordillos y las sombras explican por dónde se puede avanzar. En la primera fotografía, una mujer atraviesa la calzada y rompe la quietud del conjunto. Su figura es pequeña, pero basta para activar toda la escena y darle escala.

Persona cruzando una calle de Dos Hermanas junto a un gran paso de peatones y sombras nítidas.
Líneas, asfalto y una figura que atraviesa la luz.

En la segunda imagen quise cerrar más el encuadre y dejar que el asfalto ocupara casi todo el espacio. El paso de peatones entra con fuerza desde la esquina inferior, mientras otra figura cruza por la zona iluminada y proyecta una sombra nítida. No hay un acontecimiento extraordinario. Solo una persona que va de un lado a otro, como he hecho yo miles de veces, y una geometría cotidiana que durante unos segundos parece construida para ella.

Fotografiar un lugar tan conocido obliga a mirarlo de nuevo. La costumbre suele volver invisibles los espacios que más nos acompañan; la cámara interrumpe esa inercia y devuelve importancia a lo que estaba demasiado cerca. Algo parecido ocurre en El puente guarda silencio: el escenario sigue siendo el mismo, pero la luz, una figura o el recuerdo cambian su peso. Estas dos fotografías no cuentan la historia del cruce. Cuentan por qué, después de tantos años, continúa formando parte de la mía.

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