Las calles del barrio nazareno de Montequinto volvieron a detenerse el Sábado de Pasión para recibir a su hermandad. La Hermandad de Humildad y Pilar protagonizó una salida cargada de emoción contenida, de esas que se ven en los gestos más pequeños antes de que los pasos tomen la calle.
Antes del momento, los costaleros se preparaban en silencio. El ajuste del traje, los últimos estiramientos, la concentración de quien sabe lo que viene. Instantes previos que como fotógrafo me gusta captar y que forman parte de la historia real de cada salida procesional, la que no siempre llega a las fotografías oficiales.
En la calle, el ambiente era el de los grandes días. Vecinas y vecinos de Montequinto arroparon a sus titulares en un sábado que marca el umbral de la Semana Santa 2026. Entre el público, una imagen que resume todo: Paco el capataz junto a sus nietos, la tradición que se transmite sin necesidad de palabras.
Y mientras la gente esperaba, los nazarenos tomaban posición formando esas figuras en movimiento lento e hipnótico que son seña de identidad de las procesiones. Una geometría humana que emociona incluso a quienes la llevan vista toda la vida.
La Hermandad de Humildad y Pilar cumplió una vez más con Montequinto y con Dos Hermanas. Fe, devoción y tradición que se sienten —y que este año, una vez más, tuvieron un escenario ideal para mi fotografía.
































