Hay hermandades que salen al centro de la ciudad y hay hermandades que salen al barrio. La de la Santa Cruz tiene esa segunda naturaleza: lleva décadas arrancando desde la Capilla de la Santa Cruz con la misma firmeza de quien no necesita demostrar nada. Este año, Lunes Santo, XL Aniversario Fundacional, y la calle respondió.
El paso de Cristo llegó como siempre en el azul y el dorado que lo definen. El azul del hábito —túnica blanca, capa azul, cíngulo trenzado— multiplicado por seiscientos nazarenos. El dorado del paso, quieto bajo la luz de la tarde. Es una combinación que funciona porque no busca sorprender, sino sostener. Y sostiene.
Lo que sí sorprendió fue el paso de palio. La decoración floral en rojo —un rojo limpio, decidido— cambió la temperatura del conjunto. No desentona: contrasta. Y ese contraste es exactamente lo que le faltaba para que el paso dejara de ser bonito y pasara a ser llamativo. Una decisión acertada, de esas que se notan sin necesidad de explicación.
Llevo años viendo salir a esta hermandad. Hay algo en las hermandades de barrio que las de recorrido largo no tienen: la escala humana. La gente que conoces en la acera, el paso que pasa cerca, el sonido que llega antes de que puedas verlo. La Banda de CCyTT Presentación al Pueblo en el misterio, Las Cigarreras en el palio. Cuarenta años de una hermandad que sigue sin necesitar más que su propio barrio para tener sentido.












