El Domingo de Ramos tiene su propio patrón para mí desde hace años. Salida del Cautivo —que es suelo ir cuando empieza la Semana Santa en Dos Hermanas— y una calle del centro con la Borriquita. Es el mismo esquema de siempre y funciona porque funciona, no porque no sepa hacer otra cosa.
Este año el Cautivo llegó con una novedad visual importante: la túnica nueva de damasco italiano, blanca rota con motivos bizantinos, fabricada en el taller de Lorena Reyes. La diferencia desde el primer metro de carrera oficial era evidente. Hay estrenos que cambian el gesto de un paso. Este era uno de ellos.
El Cristo rozó levemente sus potencias contra el dintel. Nada dramático, nada que no se haya visto, pero sí lo suficiente para que hubiera que detenerlo, retirar las potencias y reponerlas más adelante. Esa imagen del Cristo sin potencias durante un tramo, en medio de la salida, me dió una extraña imagen.
El Domingo de Ramos tiene eso: que te da el protocolo y la sorpresa en el mismo tramo.





















Con la Borriquita me quedé en una calle del centro. La luz de tarde del Domingo de Ramos en Dos Hermanas tiene una temperatura particular —casi de final de verano europeo, no de primavera andaluza— y la cofradía blanca la aprovecha bien.










