Hay eventos que se sienten en el ambiente antes de cruzar la puerta. Lo que ocurre estos días en el Parque de la Alquería no es una feria de comida más: es una explosión de vida que los nazarenos han adoptado como propia desde el primer bocado.
La estética americana lo envuelve todo nada más llegar. Color, ruido, colas que avanzan con humor, familias que improvisan mesas donde pueden. La Champions Burger ha entendido algo que muchos operadores gastronómicos olvidan: que la gente no va solo a comer. Va a estar en algún sitio que merezca la pena.
He podido comprobarlo en primera persona. Lo que más sorprende no es el producto —que cumple con nota— sino la energía colectiva que genera el espacio. Hay algo en ese ambiente que hace que la espera forme parte de la experiencia. Dos Hermanas tiene una capacidad notable para apropiarse de lo que le gusta, y esto ya es suyo.
Que un evento así funcione en nuestra ciudad dice más de la ciudad que del evento. Buena señal.







