Nico en su posta

Hay actos que fotografías una vez. Y hay actos que te van cambiando a base de repetirlos.

Quinientas personas mayores llenaron el Parque Municipal La Alquería para la jornada deportiva de las Escuelas Municipales. Bailes, juegos cooperativos, puntería, actividades tradicionales. El Ayuntamiento había organizado un dispositivo amplio y la mañana acompañó.

Yo estaba allí con la cámara, como tantas otras veces. Cobertura institucional. Capturas que luego servirán para comunicar, para archivar, para justificar que esto ocurrió y valió la pena.

Pero en un momento, entre un encuadre y otro, vi a Nico. Mi hijo, en sus prácticas. En su posta. Coordinando, guiando, respondiendo. En lo suyo. Hay una diferencia entre ver a alguien trabajar y verle en su sitio. Eso segundo lo vi.

No dije nada. Hice alguna foto, claro. Pero lo que me quedó fue otra cosa: la confirmación de que el aprendizaje no se acaba. Ni el suyo, que está empezando. Ni el mío, que lleva más de treinta años y sigue abriendo preguntas. Me lo dijo sin decirlo, concentrado en lo que estaba haciendo.

Hay jornadas de trabajo que también son otra cosa. Esta fue una de ellas.

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