El Santo Entierro cierra la Semana Santa con la solemnidad que merece

El Sábado Santo tiene su propio peso. No es el fervor del Viernes ni la expectativa del Domingo de Ramos. Es otra cosa: una calma que pide atención y que los nazarenos saben leer mejor que nadie.

La Hermandad del Santo Entierro no necesita subrayar nada. Su desfile habla en voz baja y por eso se escucha tan bien. Este año el sol bajaba ya hacia el horizonte cuando el paso salió a la plaza, y esa luz de final de tarde dio a la procesión un punto de magnetismo especial. Las procesiones con luz de tarde tienen algo que las de noche y las de mediodía no pueden replicar.

Me interesan los finales. El último día de una Semana Santa concentra cosas que el resto de jornadas distribuyen. La ciudad se despide de sí misma, de la mejor versión de sí misma, y hay quien lo vive con una intensidad que no tiene en ningún otro momento del año.

El Santo Entierro cierra bien. Y cerrar bien es más difícil de lo que parece.

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