Terminar el año con una caminata reflexiva se ha convertido en una especie de ritual. Esta vez sentí la necesidad de caminar para desatascar un pensamiento que llevaba días, quizá semanas, anquilosado. Un problema laboral, de esos que frente al ordenador parecen insalvables, pero que con cada paso dado al aire libre se va desvaneciendo como si nunca hubiera sido tan complejo.
Salí a las tres y algo de la tarde, una hora oportuna y calmada, cuando el entorno parecía en pausa. Esa tranquilidad fue clave, permitiéndome conectar conmigo mismo y relajar mi mente. Fue como si el simple acto de caminar, de avanzar físicamente, también moviera los engranajes internos que se habían atascado.
En el camino, tuve un encuentro inesperado: una chica haciendo yoga en medio de la nada. Vestía unas mallas rosas y una camiseta blanca, y su presencia, tan serena y ajena al mundo, me pareció casi una metáfora de lo que buscaba en esa caminata. Fue un instante breve, pero dejó huella. Inspiración en su forma más inesperada.
Además, los paisajes que me rodearon fueron igualmente especiales. Las nubes, que parecían acompañarme en ese recorrido, crearon un ambiente único. En un momento del trayecto, me encontré con una réplica del pebetero olímpico, algo completamente inesperado pero curioso, como si también quisiera recordarme la importancia de las metas y los logros.
Al final, la conclusión llegó. Lo que parecía imposible sentado frente al ordenador, se resolvió caminando bajo el cielo abierto. Esa caminata no solo desatascó un pensamiento, sino que reafirmó algo que ya sabía: a veces, la mejor solución es moverse, salir, respirar y dejar que el ritmo de los pasos ordene el caos interno.
Por último, dejo abajo una lista con las músicas que causaron algún impacto alternativo también:
Llevo dos días reflexionando sobre las noticias de subidas radicales en los precios del café de especialidad, y reconozco que me inquieta. Descubrí esta pasión hace poco, y ya estoy empezando a disfrutar de las complejidades que cada taza puede ofrecer. La tentación me persigue, especialmente con propuestas como la de Cafeshi para diciembre: variedades únicas como el Excelsa de India, procesado anaeróbicamente, con notas de eucalipto y pera, o la rara Papayo de Colombia, con su historia de mutación genética y cerezas de color naranja.
Este tipo de suscripciones me permiten explorar este universo, pero me pregunto si podrán seguir siendo accesibles si los precios se disparan. Es un dilema que pone a prueba mi amor por este mundo tan exquisito y diverso.
El Fundación Unicaja Andalucía vivió una noche histórica al remontar frente al CV Panathinaikos en un abarrotado pabellón de Los Montecillos. Tras un emocionante 3-1 en sets y un arrollador 15-6 en el set de oro, el equipo nazareno aseguró su pase a octavos de final de la CEV Challenge Cup, demostrando carácter, calidad y una conexión única con su afición.
Viví este partido con una intensidad difícil de describir. Cada punto era una montaña rusa de emociones, desde la tensión inicial hasta la explosión final de alegría. La entrega de las jugadoras y la energía de la grada hicieron de este encuentro algo más que un partido: fue un acto de fe y superación. Cuando cayó el último punto, supe que había sido testigo de algo extraordinario, una de esas noches que quedarán grabadas para siempre en la memoria del voleibol sevillano.
Cada amanecer y atardecer, el cielo se convierte en un lienzo vivo que despliega una paleta de colores y formas majestuosas. Desde la comodidad de mi hogar, tengo la fortuna de presenciar estos momentos mágicos donde la naturaleza pinta el horizonte con tonos cálidos y nubes dramáticas, regalándome una vista que nunca deja de inspirar.
Esta mañana me he levantado con una vista que parecía sacada de un sueño: una luna nítida y resplandeciente en pleno cielo azul, rodeada de delicadas nubes dispersas. La escena resultaba casi mágica, como si la luna se resistiera a dejar la noche atrás, pausada en el cielo mientras el día comienza a tomar su lugar.
Las nubes, esponjosas y ligeras, se despliegan a lo largo del cielo, creando un marco perfecto para la luna, que parece observarnos desde su lugar privilegiado. Este tipo de fenómenos, aunque comunes, no dejan de recordarnos lo maravillosa que es la naturaleza. A veces no hay que esperar la noche para disfrutar de la luna en todo su esplendor.
La claridad del día contrasta con la suave luz lunar, brindándonos una imagen serena y tranquilizadora. Sin duda, un despertar perfecto para comenzar el día con calma e inspiración.
Este tipo de experiencias nos invitan a detenernos por un momento y apreciar los pequeños detalles que nos rodean, esos que a menudo pasamos por alto. ¡Hoy la luna me ha regalado un instante único!.
El pasado sábado 26 de octubre, tuve el privilegio de asistir a un emotivo homenaje al maestro Fulgencio Morón Ródenas. Como profesional de la comunicación y fotógrafo con 30 años de experiencia, este evento tuvo un significado especial para mí, ya que he tenido la fortuna de seguir de cerca parte de la trayectoria de este gran músico y compositor de mi ciudad.
La Banda de Música de Dos Hermanas Santa Ana presentó su último trabajo discográfico, dedicado íntegramente a la obra de Fulgencio Morón. Este acto no solo celebró su música, sino que también marcó un hito en mi carrera profesional, recordándome uno de mis primeros encargos hace casi tres décadas: retratar al maestro en su propia casa.
A lo largo de mi carrera, he tenido numerosas oportunidades de coincidir con el maestro Morón en el teatro, conciertos y diversos eventos culturales. Cada encuentro ha sido un testimonio de su amabilidad y humildad, cualidades que han permanecido intactas con el paso del tiempo.
Un disco que inmortaliza una carrera
El álbum «Fulgencio Morón Ródenas» recoge 12 composiciones del maestro, incluyendo marchas procesionales y pasodobles. Entre las piezas más destacadas se encuentran «Cristo en la Alcazaba», su primera y más característica marcha compuesta en 1980, y «A Santa Ana», dedicada a la patrona de Dos Hermanas.
Nacido en Las Cabezas de San Juan en 1929, Fulgencio Morón cumplirá 95 años el próximo 2 de noviembre. Su impresionante trayectoria incluye haber sido clarinete en la Banda Municipal de Sevilla, miembro de la Orquesta Bética Filarmónica y director de la Agrupación Musical Nazarena.
Durante el concierto, se anunció que la escuela de música de la Banda de Santa Ana llevará el nombre de «Fulgencio Morón». Además, el alcalde de Dos Hermanas, Paco Rodríguez, reveló que la futura Casa de la Música de la ciudad también llevará el nombre del maestro.
Como testigo de algunos momentos de su carrera, puedo afirmar que ha sido un privilegio poder vivir de cerca la aportación de Fulgencio Morón a la música. Su dedicación, talento y humildad han sido una constante inspiración no solo para los músicos, sino para todos los que hemos tenido la suerte de cruzarnos en su camino.
Este homenaje no solo celebra la extensa carrera de Fulgencio Morón, sino que también asegura que su legado musical perdurará para las generaciones futuras. Como profesional que ha documentado parte de su trayectoria, puedo decir que su música, al igual que su calidez humana, seguirá resonando en Dos Hermanas, Sevilla y más allá por muchos años venideros.
Se acabó el verano, y la verdad es que este año no creo que lo vaya a echar mucho de menos. Es curioso, porque normalmente me pongo nostálgico cuando llega septiembre, pero esta vez… no sé, es diferente.
He tenido mis momentos. Esas cenas de patio, la bebida bien fría… Esos instantes sí que han sido geniales. Y el descanso, uf, el descanso ha sido de 10. Pero en general, este verano ha sido como una película que esperas con ganas y luego resulta ser… meh.
¿Sabéis esa sensación de estar en la playa, mirando al mar, y sentir que algo falta? Pues eso me ha pasado mucho este año. El cielo gris, las nubes amenazando lluvia… parecía que hasta el tiempo se había puesto de acuerdo para darle un toque melancólico a la cosa.
Lo gracioso es que sé que voy a echar de menos el verano, pero más por la idea que tengo de otros veranos que por este en concreto. Es como si mi cerebro mezclara todos los recuerdos veraniegos en un cóctel de nostalgia. La arena entre los dedos, las risas hasta tarde, las gaviotas y los mosquitos (jajaja)… Todo eso sigue ahí, en mi memoria, aunque este año haya sido más bien flojito.
Y mira que lo intento, ¿eh? Intento quedarme con lo bueno. Como ese día con la puesta de sol cuando nos fuimos de noche a la playa. Momentos así hacen que valga la pena, aunque hayan sido menos de los que me hubiera gustado.
Lo que sí tengo claro es que no voy a dejar que este verano «meh» me quite las ganas para el próximo. Al fin y al cabo, cada verano es una oportunidad nueva, ¿no? Quién sabe, igual el que viene es de esos que recordaré con una sonrisa durante años.
Mientras tanto, toca despedirse. Ciao, verano. Has sido… bueno, has sido. Y eso ya es algo. Ahora me toca darle la bienvenida al otoño, con sus atardeceres dorados y sus mañanas frescas. De hecho, ya he pasado frío hoy en la moto.
Y a vosotros, ¿qué tal se os ha dado el verano? ¿Sois más de echar de menos la playa o de celebrar la llegada del otoño? ¡Contadme! Jajaja
Venga, que aunque se acabe el verano, la vida sigue. Y quién sabe, igual el otoño nos sorprende con alguna que otra aventura inesperada. ¡Hasta la próxima!
¿Has visto alguna vez un campo lleno de ovejas y pensado en lo bonito que es? Ahora imagina que, al acercarte, ves latas y plásticos esparcidos por el suelo. Es frustrante, ¿verdad? Esos campos que deberían ser un refugio de naturaleza están llenos de basura que nosotros mismos dejamos.
La basura no solo afea el paisaje, sino que tiene consecuencias graves. Los plásticos y latas que tiramos pueden permanecer ahí durante años, liberando sustancias tóxicas al suelo. Y lo peor es que los animales, como las ovejas que ves en las fotos, pueden ingerir estos desechos, enfermando gravemente.
No se trata de sermonear, sino de hacer pequeños cambios. Después de un partido o un paseo, es fácil dejar la basura en cualquier lado. Pero, ¿y si llevamos siempre una bolsa para recoger nuestros residuos? Es un gesto simple que puede marcar la diferencia.
Y cuando paseamos a nuestras mascotas, recoger sus desechos es fundamental. No solo por higiene, sino por respeto a los demás. Nadie quiere pisar algo desagradable mientras camina, ¿cierto? Piensa en una persona que va en silla de ruedas por la calle. Sus manos tocan constantemente las ruedas, que a su vez tocan el suelo lleno de residuos. Es un ciclo que no debería existir y que podemos evitar.
Es triste ver cómo la basura se acumula en lugares que deberían ser naturales y hermosos. Pero la buena noticia es que podemos hacer algo al respecto. La próxima vez que estés en un campo o parque, recoge un poco de basura. Invita a tus amigos a hacer lo mismo.
No se trata de salvar el mundo de un día para otro, sino de ser conscientes de nuestras acciones. Así que, la próxima vez que veas basura en el suelo, piensa en el impacto que tiene y actúa. Juntos, podemos hacer que nuestros campos sean un lugar mejor para todos.
Nos sentamos en la arena, a contemplar el espectáculo que la naturaleza nos brindaba. El mar, ahora calmado, reflejaba los colores del cielo, creando una ilusión óptica de infinita belleza. El sonido de las olas rompiendo en la orilla, suave y rítmico, era la banda sonora perfecta para aquel momento mágico.
Nos entregamos a la complicidad de los silencios, saboreando la tranquilidad del momento. Lola, retaba a Nico a los dados, mientras yo esperaba mi turno para jugar al «Disco». Nico, aunque ya no es un niño, por suerte aún conserva ese espíritu juguetón que nos contagia a todos y nos recuerda la importancia de no perder nunca las ganas de divertirnos.
El sol, como una bola de fuego incandescente, comenzaba su lento descenso hacia el horizonte, pintando el cielo con pinceladas de naranja, rosa y violeta. La playa, que horas antes había sido un hervidero de actividad, ahora se encontraba en un estado de serena transición. Las familias recogían sus sombrillas y toallas, los niños, exhaustos pero felices, se dejaban llevar en brazos de sus padres, y las gaviotas aprovechaban la oportunidad para picotear los restos de comida olvidados.
Los adultos nos deleitábamos con la paz y la serenidad que nos rodeaba. La brisa marina acariciaba nuestros rostros, trayendo consigo el aroma salado del mar. A lo lejos, un barco velero se recortaba contra el horizonte, como una silueta fantasmal.
Poco a poco, la playa fue quedando desierta. Solo unas pocas parejas, sentadas a la orilla del mar, se resistían a abandonar aquel paraíso terrenal. A lo lejos, la charanga del chiringuito comenzaba a tocar, anunciando el inicio de la noche. Sus alegres melodías contrastaban con la tranquilidad que nos rodeaba, creando una atmósfera única y especial.
Nos levantamos, sacudimos la arena de nuestras ropas y nos dirigimos hacia el coche. A medida que nos alejábamos, la música se iba apagando, hasta convertirse en un murmullo lejano.
Una tarde perfecta en familia, de esas que se quedan grabadas en la memoria para siempre. Un recordatorio de la importancia de disfrutar de los pequeños placeres de la vida, de la belleza de la naturaleza y del amor de los seres queridos. Es en estos momentos, cuando el tiempo parece detenerse y el alma se llena de una paz profunda, que nos damos cuenta de la verdadera esencia de la felicidad.
Hoy he visitado la Casa de las Provincias en Sevilla, acompañado de mi mujer Lola y nuestro hijo Nico, para ver la exposición de Baldomero Pestana. Esta exposición nos ha permitido conocer mejor su fotografía social y urbana.
Baldomero Pestana
Baldomero Pestana nació el 28 de diciembre de 1917 en Pozos, Penas – Castroverde, Lugo. Desde joven, su vida estuvo marcada por la emigración; a los cuatro años se trasladó a Buenos Aires para reunirse con su madre. Fue en 1959 cuando su interés por la literatura, la historia, la música y el dibujo floreció en Argentina. Su carrera lo llevó a Lima, Perú, donde trabajó para diversas organizaciones internacionales como UNICEF y la FAO. En Lima, Pestana fundó el MAC (Instituto de Arte Contemporáneo de Lima), centrando su actividad artística en los retratos y la fotografía social y de calle. Finalmente, en 1975, se mudó a París, dedicándose plenamente al dibujo y la pintura. A lo largo de su vida, realizó numerosas exposiciones en todo el mundo, revelándose también como un extraordinario dibujante.
La Exposición
Ubicada en la Plaza del Triunfo, nº 1, la Casa de las Provincias es un elegante edificio que fue la antigua sede de la Diputación de Sevilla. Este lugar emblemático, situado entre la Catedral y los Reales Alcázares, ofrece un entorno perfecto para disfrutar del arte en pleno centro turístico de la ciudad.
La exposición «Pestana. Fotografías y Dibujos de Baldomero Pestana» se puede visitar en la Sala Triunfo hasta el 31 de agosto. Esta muestra está producida por Otoño Cultural Iberoamericano y cuenta con la colaboración de la Diputación de Sevilla y el patrocinio de la Fundación Caja Rural del Sur. Los comisarios de la exposición son Carmen Rico Coira, sobrina del artista, y Juan Sande.
Las fotografías expuestas revelan no solo su habilidad técnica, sino también su profundo entendimiento de la condición humana. A las fotografías de Pestana, retratos de personajes famosos, y las de tema social y de calle, se unen ahora sus dibujos de gran formato, que lo descubren como un artista genial en esta faceta.
Horarios de la Exposición
Martes a sábado: de 10:00 a 14:00 y de 18:00 a 21:00
Domingo y festivo: de 10:00 a 14:00
Lunes: cerrado
Opiniones Personales
Para mí, los retratos de Pestana de 1957 fueron los más cautivadores. La serenidad y profundidad en los rostros capturados reflejan un momento de introspección y calma, transportándome a una época donde cada expresión contaba una historia. Además, algunas de sus fotografías urbanas también llamaron mi atención, mostrando la vida cotidiana con una mezcla de realismo y poética visual.
Nico, nuestro hijo, se sintió especialmente atraído por la serie de fotografías de «Villa Miseria». Las imágenes de estos asentamientos informales en Buenos Aires capturan la dureza y la resiliencia de sus habitantes, ofreciendo una mirada cruda y honesta a una realidad que a menudo permanece oculta. Nico quedó impresionado por la capacidad de Pestana para encontrar belleza y dignidad en medio de la adversidad.
Lola, mi mujer, también disfrutó enormemente de la exposición, aunque sus gustos se inclinaron más hacia los retratos que muestran una conexión emocional y personal con los sujetos. La habilidad de Pestana para capturar la esencia de una persona en una sola imagen resonó profundamente con ella, admirando cómo cada retrato parecía narrar una historia completa.
Reflexiones Finales
Nuestra visita a la Casa de las Provincias para ver la exposición de Baldomero Pestana fue una experiencia enriquecedora para toda la familia. Cada uno de nosotros encontró aspectos diferentes para admirar y reflexionar, desde los retratos sosegados y pausados hasta las crudas imágenes de Villa Miseria. Esta muestra no solo destaca el talento de Pestana como fotógrafo, sino también su capacidad para conectar con sus sujetos y espectadores a un nivel profundo y emocional.
Si tienes la oportunidad de visitar esta exposición, te la recomiendo. La Casa de las Provincias, con su rica historia y ubicación privilegiada, ofrece el escenario perfecto para conocer a Baldomero Pestana y apreciar su trabajo fotográfico y dibujo.