Hay mañanas que vale la pena tener la cámara cargada aunque no sea un día de trabajo. La Muestra al Aire Libre de Ventana Plástica fue una de ellas. Sol sin castigo, caballetes alineados y los colores de los lienzos compitiendo —con elegancia— con el color de la calle.
Como director creativo, mi lectura de la jornada tiene dos planos. El primero, el de vecino: la calle Real convertida en galería funciona. La gente se para, pregunta, compra. El arte público en Dos Hermanas tiene tirón cuando se presenta bien. El segundo, el profesional: Ventana Plástica ha madurado en su comunicación y eso se nota en cómo el evento se vive y cómo se recuerda después.
Lo que hace grande a una muestra de este tipo no es el número de obras expuestas. Es la sensación de que cualquiera puede acercarse sin protocolo. Eso es difícil de conseguir y Ventana Plástica lo tiene resuelto.
Un referente que sigue creciendo. Y que merece seguir creciendo.








