Categoría: Arte

  • La Almona llena. Así es la Muestra de Artes Plásticas.

    La Almona llena. Así es la Muestra de Artes Plásticas.

    Hay eventos culturales que se inauguran con media docena de personas y el discurso de rigor. Y hay eventos como este.

    La sala Diego Ruiz Cortés del Centro Cultural La Almona acogió el martes la inauguración de la exposición con las obras seleccionadas de la XXIX Muestra de Artes Plásticas al Aire Libre, organizada por el Colectivo Artístico Ventana Plástica. Y digo «acogió» en el sentido literal: la sala estaba llena. No llena de autoridades y prensa. Llena de gente. Niños, mayores, familias, artistas, vecinos. La mezcla que hace que un acto cultural tenga sentido.

    Fotografiar una inauguración así es distinto. No buscas el espacio vacío entre la obra y la pared. Buscas la conversación que ocurre delante del cuadro. La mirada de alguien que se para. El grupo que señala y debate. Eso es lo que había en La Almona el miércoles por la noche.

    Las obras que estuvieron este invierno en las calles de Dos Hermanas tienen ahora su segunda vida en sala, hasta el 10 de mayo. Merece la pena volver con calma y verlas sin la prisa del vernissage.

    Para quien no pudo estar en la inauguración: la exposición puede visitarse de lunes a viernes de 9:00 a 14:00 y de 18:00 a 21:00, sábados de 11:00 a 14:00 y de 18:00 a 21:00, y domingos de 11:00 a 14:00.

  • La Selección de Obras de la XXIX Muestra de Ventana Plástica llena La Almona

    La Selección de Obras de la XXIX Muestra de Ventana Plástica llena La Almona

    La Sala Diego Ruíz Cortés del Centro Cultural La Almona no cabía más gente. El martes 8 de abril, el Colectivo Artístico Ventana Plástica inauguró la exposición de obras seleccionadas de su XXIX Muestra de Artes Plásticas al Aire Libre – Ciudad de Dos Hermanas, y lo que se vivió fue exactamente eso: una ciudad que va a ver el arte de los suyos.

    Las dos salas, repletas. Artistas recogiendo su diploma acreditativo rodeados de familia y amigos. Gente de todas las edades deteniéndose frente a las obras, preguntando, compartiendo. El ambiente que se crea cuando una exposición deja de ser un acto protocolario y se convierte en algo que importa de verdad.

    Ventana Plástica lleva desde 1994 construyendo esto. Casi treinta años de Muestra al Aire Libre cada Domingo de Pasión en la Calle Ntra. Sra. de Valme — cerca de 200 artistas y más de 900 obras en la última edición — y luego la selección que pasa a las salas y se queda expuesta hasta el 10 de mayo. Un trabajo sostenido, sin estridencias, que se nota en cómo funciona cada pieza del engranaje: la convocatoria, la selección, los diplomas, la inauguración. Todo tiene el pulso de quien lleva décadas haciéndolo con cariño.

    Noches así son el resultado de ese trabajo acumulado. La exposición permanece abierta hasta el 10 de mayo en el Centro Cultural La Almona con horario amplio de lunes a domingo. Merece la visita.

    Puedes seguir su actividad en ventanaplastica.com y en Instagram @ventanaplastica.

     

  • La Amargura en Viernes Santo: los detalles que hacen grande nuestra Semana Santa

    La Amargura en Viernes Santo: los detalles que hacen grande nuestra Semana Santa

    El Viernes Santo llega siempre con una expectativa acumulada. Y la Amargura no decepciona. Este año la tarde se presentó con una claridad excepcional —de esa que no perdona ni ayuda a esconderse— y el resultado fue una procesión donde cada relieve, cada gesto y cada mirada quedó expuesto con una nitidez que se agradece.

    Eso es lo que hace que la fotografía de Semana Santa sea un género exigente. No hay escenografía que compense lo que no está. Cuando la hermandad trabaja bien —los bordados, los pasos, el paso a compás— la imagen lo recoge. Cuando no, tampoco hay filtro que lo arregle.

    La Amargura trabaja bien. Lo que más valoro de esta hermandad es la coherencia entre el trabajo interno y lo que muestra en la calle. Nuestra Semana Santa tiene ese nivel en muchas de sus hermandades, y eso no es casual: es cultura acumulada durante décadas.

    Un Viernes Santo que no olvidaré. Ni la tarde ni la luz ni lo que encontré en el visor.

  • Ventana Plástica en la calle Real: el arte que Dos Hermanas merece

    Ventana Plástica en la calle Real: el arte que Dos Hermanas merece

    Hay mañanas que vale la pena tener la cámara cargada aunque no sea un día de trabajo. La Muestra al Aire Libre de Ventana Plástica fue una de ellas. Sol sin castigo, caballetes alineados y los colores de los lienzos compitiendo —con elegancia— con el color de la calle.

    Como director creativo, mi lectura de la jornada tiene dos planos. El primero, el de vecino: la calle Real convertida en galería funciona. La gente se para, pregunta, compra. El arte público en Dos Hermanas tiene tirón cuando se presenta bien. El segundo, el profesional: Ventana Plástica ha madurado en su comunicación y eso se nota en cómo el evento se vive y cómo se recuerda después.

    Lo que hace grande a una muestra de este tipo no es el número de obras expuestas. Es la sensación de que cualquiera puede acercarse sin protocolo. Eso es difícil de conseguir y Ventana Plástica lo tiene resuelto.

    Un referente que sigue creciendo. Y que merece seguir creciendo.

  • Antes de que el cartel hablara, ya lo decía todo la espera del artista

    Antes de que el cartel hablara, ya lo decía todo la espera del artista

    Instantes antes de la presentación me acerqué a Marcos. Aún no había aplausos ni fotografías oficiales, solo ese murmullo leve que siempre precede a lo importante. En su mirada reconocí una tensión natural que no tenía nada que ver con el miedo, sino con el compromiso. Era una mezcla de responsabilidad y ganas contenidas por entregar, al fin, algo que, estoy seguro, le ha ocupado mucho espacio vital durante meses.

    Me gusta detenerme en esos momentos casi invisibles. Son los que no aparecen en los titulares, pero dicen mucho más que cualquier discurso. Mientras esperábamos a que comenzara el acto, pensé en todo lo que implica pintar un cartel así: no solo la composición o el color, sino la carga emocional, la tradición y la fe de un pueblo entero depositadas en una imagen. Eso pesa. Y, al mismo tiempo, honra profundamente.

    Por eso, más allá del resultado, que me gusta, quiero felicitarlo: por el trabajo, por la entrega silenciosa y por asumir, con respeto y valentía, la responsabilidad de crear una imagen que ya forma parte de la memoria de Dos Hermanas.


    Evento:
    Presentación del Cartel Oficial de la Semana Santa de Dos Hermanas 2026.

    Fecha de presentación:
    Domingo 15 de febrero de 2026.

    Lugar:
    Capilla (Vera Cruz / San Sebastián, según convocatoria oficial).

    Autor del cartel:
    Marcos Antonio Moreno Acosta (Marcos A. Moreno Acosta), artista nazareno.

    Hermandad protagonista del cartel:
    Hermandad de la Amargura.

    Imágenes representadas:

    • Nuestra Madre y Señora de la Amargura
    • Nuestro Padre Jesús Descendido de la Cruz

    Técnica y formato:
    Acrílico sobre tabla.
    130 x 100 cm.

    Elementos simbólicos destacados:

    • Cruz de las andas procesionales
    • Sudario
    • Ángeles (inspiración en la puerta del Duomo de Milán)
    • Parroquia de Santa María Magdalena
    • Torre de los Herberos
    • Cardos borriqueros
    • Clavos de la crucifixión
    • Corona de espinas y golondrina
    • Mariposa (símbolo de Resurrección)

    Acompañamiento musical del acto:
    Banda de Cornetas y Tambores Nuestro Padre Jesús en su Prendimiento de Dos Hermanas.

    Entidad organizadora:
    Consejo de Hermandades y Cofradías de Dos Hermanas.

  • Helen Levitt: la coreógrafa del instante callejero

    Helen Levitt: la coreógrafa del instante callejero

    Una fotógrafa que escuchaba con los ojos: así retrató el alma invisible de Nueva York

    En las aceras del Harlem de los años 40, mientras el mundo miraba hacia las grandes guerras o los grandes nombres del arte, Helen Levitt se dedicaba a mirar hacia abajo, hacia lo cotidiano. Nacida en Brooklyn en 1913, dejó el instituto a los 18 años y compró una Leica de segunda mano. Comenzó trabajando en un estudio del Bronx, pero su verdadera vocación estaba en la calle, donde la vida no posaba, pero danzaba.

    Levitt no era una cazadora de momentos, sino una cómplice de lo fugaz. No posaban para ella. Su cámara era invisible, como si formara parte del mismo aire. De ahí que sus fotografías no tengan artificio, pero sí una belleza inquieta. Son imágenes que laten. Un niño con capa, una niña bailando en la acera, una sombra que cae sobre un rostro: en lo mínimo, lo universal. En lo accidental, lo eterno.

    Influenciada por Walker Evans —con quien estudió en 1938 y mantuvo una amistad duradera—, y por Henri Cartier-Bresson, desarrolló una mirada propia, delicada y ética. También conoció al cineasta Luis Buñuel, quien le abrió las puertas al lenguaje documental. En 1943, el MoMA le dedicó una exposición individual, algo inusual para una mujer y más aún para una fotógrafa callejera. Más adelante, codirigió The Quiet One (1948), una película que fue nominada al Oscar, y desde 1959 comenzó a experimentar con el color sin perder nunca el lirismo de sus primeros trabajos.

    Durante décadas, Levitt se mantuvo al margen del ruido artístico. No buscó protagonismo ni explicó su obra. Quizá por eso su legado crece con el tiempo: porque no responde a modas ni a discursos, sino a algo más hondo y más esquivo. Ella no fotografiaba la ciudad, sino su respiración. Esa respiración suya, a veces juguetona, a veces triste, pero siempre humana.

    Murió en Nueva York en 2009, la misma ciudad que fue su escenario vital. Hoy, en plena era de la imagen instantánea y el exhibicionismo digital, las fotos de Helen Levitt nos devuelven al misterio de mirar sin intervenir. Nos recuerdan que la calle es un escenario donde la vida —si uno sabe mirar— se representa a cada segundo. Y que basta una buena fotografía para detener el tiempo, aunque sea por un instante.


  • La luz detenida de Cerdeña

    La luz detenida de Cerdeña

    Sergio Castañeira inaugura una nueva etapa de la beca Alberto Galán con un fotocuaderno que explora el paisaje como memoria viva.

    Hay fotografías que no solo se miran: se habitan. “Sardegna”, el proyecto de Sergio Castañeira, es una de esas obras que invitan a entrar con los pies descalzos, sin prisas, como quien cruza el umbral de un verano antiguo. Tomadas en 2012, pero ocultas hasta ahora, estas imágenes componen un diario íntimo y a la vez una geografía emocional. No retratan tanto Cerdeña como la sensación de haber estado allí.

    La serie, elegida entre 70 propuestas para convertirse en el primer Fotocuaderno de UFCA, marca también un punto de inflexión: la beca Alberto Galán se transforma en una convocatoria abierta que apuesta por la sintonía estética más que por la competición. Se busca una afinidad con la mirada. Y Castañeira, con su manera de narrar desde lo sensorial, encajó como si siempre hubiese estado previsto.

    En “Sardegna” no hay postales. Hay cuerpos al sol, rincones dormidos, la cadencia del calor sobre la piel. Castañeira compone con la luz, pero también con la ausencia de certezas. Sus fotografías se mantienen en un umbral ambiguo entre lo que fue y lo que se recuerda, invitando al espectador a completar el relato desde su propia experiencia. Como todo buen diario, no explica: sugiere.

    La edición de este primer Fotocuaderno no solo recupera un trabajo valioso; también inaugura un formato que promete continuidad y coherencia. En octubre de 2026, con la publicación de “Sardegna”, se abrirá una puerta para quienes entienden la fotografía como un acto honesto, pausado, íntimo. Una celebración de lo mínimo. Un eco de Alberto Galán, todavía presente en cada elección.

  • The Lady Carbonic: el café que nace del alma de Myanmar

    The Lady Carbonic: el café que nace del alma de Myanmar

    Una taza con sabor a empoderamiento femenino, fermentación consciente y dulzura natural

    No todos los cafés cuentan una historia. Algunos simplemente despiertan, otros —como The Lady Carbonic— despiertan y cuentan. Lo último de Ineffable Coffee nos llega desde las montañas de Ywangan, en Myanmar, donde más de 400 mujeres caficultoras están transformando el paisaje del café de especialidad. Al frente del proyecto, Su Nandar Linn y Thi Ha Gyawalie no solo cultivan Red Catuai: cultivan futuro.


    Este café es un ejercicio de alquimia natural. Se parte de una maceración carbónica que no tiene nada de improvisada: primero, las cerezas se sellan para intensificar sus azúcares; después, se sumergen en agua hasta encontrar el pH justo. Solo entonces comienza el secado lento, paciente, casi ritual. El resultado en taza es una sinfonía: granada y miel en primer plano, tamarindo y cacao como base, y un fondo de sirope de arce que deja huella. Final vinoso, cuerpo sedoso. Nada sobra.

    Pero lo que convierte a The Lady Carbonic en algo más que una joya sensorial es su dimensión humana. Este café no solo nace de mujeres: nace para ellas. Con cada sorbo, se apoya un modelo de producción más justo, más consciente, más cercano. Se apoya una voz colectiva que suena fuerte desde Myanmar hasta Sevilla.

    Recomendado tanto para filtro como para espresso, este café despliega su carácter en cualquier método, aunque quizás la AeroPress sea la compañera ideal para sentir su complejidad sin interferencias. Y sí, también puedes usar una Barista Pro si quieres llevar la experiencia al siguiente nivel.

    The Lady Carbonic no es solo café. Es una historia contada con granos, fermentación y coraje. Y mientras existan tazas como esta, el café seguirá siendo mucho más que una bebida. Será un lugar. Un gesto. Una forma de estar en el mundo.

    The Lady Carbonic

    AeroPress Clear

  • La Coronación de Rafael «Falito» Acosta: La Mirada del Rey

    La Coronación de Rafael «Falito» Acosta: La Mirada del Rey

    Hay miradas que cuentan historias. Relatan noches de sacrificio, el peso de la gloria y el hambre insaciable de un futuro que aún está por escribir. Esa es la mirada que me encontré al otro lado de mi objetivo al retratar a Rafael «Falito» Acosta, el ídolo de Dos Hermanas que ya ha conquistado el respeto de toda Sevilla y apunta, sin complejos, al resto del mundo.

    Más allá de los guantes, los focos del ring y los cinturones que con tanto orgullo luce, en esta sesión quise capturar al hombre detrás del campeón. Y lo encontré. He tenido el placer de fotografiar a un Falito que ha madurado. Su mirada es más profunda, más serena, la de alguien que conoce el sabor del triunfo y la soledad del entrenamiento. Es la mirada de un rey que empieza a ser consciente de su propio legado.

    Pero que nadie se equivoque. Esa madurez no le ha robado ni un ápice de su identidad, de esa chispa y esa fotogenia innata que lo convierten en un imán para la cámara. Durante toda la sesión, su talante fue extraordinario. Detrás del «Rey Gitano», del púgil implacable, hay un joven con un respeto y una humildad que engrandecen aún más su figura.

    Estas fotografías son el testimonio de un momento clave: el de un campeón que asume su corona, pero que mantiene los pies en el suelo y la vista en el horizonte. Ha sido un auténtico placer y un honor poner mi cámara al servicio de su historia.

    El viaje de Falito no ha hecho más que empezar, y esta es la mirada con la que se prepara para conquistar el mundo.

  • La diferencia está en el aire

    La diferencia está en el aire

    Entre el zumbido del dron y el soplo del viento real, hay un abismo: el que separa la vivencia de la mera herramienta.

    Nunca olvidaré aquel vuelo. Madrugamos, el cielo estaba limpio y la avioneta ultraligera nos esperaba como si también ella supiera que íbamos a registrar algo único. Subí con la cámara colgada al cuello, un cosquilleo en el estómago y la certeza de que algo especial iba a pasar. El piloto —sereno, experto— me explicó cómo íbamos a sobrevolar el centro de Dos Hermanas. Desde el aire, todo adquiría otra proporción: la plaza, el edificio del Ayuntamiento, la iglesia con su torre campanario… El mundo cotidiano se transformaba en una maqueta viva bajo mis pies. Y yo allí arriba, temblando un poco por la altura, pero sobre todo por la emoción.

    Recuerdo el instante exacto en que disparé la foto. No fue solo una imagen: fue el resumen de todo lo que aquel vuelo significaba. Desde entonces, esa escena ha acompañado años de trabajo, publicaciones y recuerdos. Es una fotografía que respira, porque detrás de cada píxel hay viento, conversación, decisión, riesgo y un latido.

    Después llegaron los drones. Prácticos, versátiles, aunque más impersonales. Con sus permisos, sus zonas restringidas y su zumbido de insecto metálico. Sí, nos permiten seguir mirando desde arriba, pero ya no se oye el silencio del cielo ni se conversa con nadie para preparar el vuelo. Hay algo más automático, más calculado. Aun así, reconozco su utilidad. Han cambiado la manera de producir, de planificar, de mostrar.

    Y luego está la imagen digital, la de la inteligencia artificial. En este caso, una recreación de la escena original: la misma plaza, los mismos edificios, pero flotando sobre una porción de tierra ficticia con letras gigantes que dicen “Dos Hermanas”. Es una imagen que no existió nunca en el mundo físico, pero que —paradójicamente— sirve para explicar lo real. No hay emoción detrás de su creación, no hubo manos en una cámara ni nervios al despegar. Pero reconozco que puede ser útil: un cartel, una metáfora, una herramienta más.


    Así que sí, hay valor en ambas imágenes. Pero una nació del aire, del pulso, del instante irrepetible que viví yo mismo. La otra, de un algoritmo que no siente. Y aunque ambas se complementan, solo una me conecta con aquel día inolvidable. En tiempos de inteligencia artificial, lo humano sigue siendo el valor diferencial. No se trata de rechazar lo nuevo, sino de recordar que la emoción —esa que nos eriza la piel— sigue siendo insustituible.